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El camino heredado

27 Jul , 2017  

El cuidado de las mujeres es muy delicado. Porque es más fácil adaptarnos a un mundo que es completamente superficial, y que tiene como religión a la banalidad, que ir en contra de una guerra que perderíamos.

Y no estoy siendo negativa, en serio no podemos ir en contra de estereotipos, de publicidad, de exigencias laborales, de exigencias sociales. Sería demasiado desgastante, y no nos llevaría a ningún lado. Creo que sí se puede continuar luchando para que los estereotipos no nos rijan como persona, que no cambien nuestra forma de ser, o que no nos han caer en medidas específicas.

Sin embargo, la primera impresión, la imagen externa, el consumo de productos de belleza, o simplemente la forma en la que te presentas con otros siempre influirá en la percepción de las personas a tu alrededor. Es algo un poco triste, un poco desalentador, pero que siempre ha existido.

Pero es inevitable tener una imagen de alguien, una percepción de una persona se crea en segundos. Y eso no te hace una mala persona, porque es imposible ver el alma, o el interior y de esa manera descifrar verdaderamente quién es alguien, al menos en primera instancia te dejas ir sólo por el exterior.

Así que si eres de las personas que busca cosmetiqueras, que se preocupa por su maquillaje o su cabello, pues estás siguiendo el camino que desde nuestra más tierna infancia se nos heredó. Esta es una realidad que entre más grandes somos, entendemos con mayor claridad, puesto que de jóvenes podemos saltarnos ciertas reglas, podemos ser irresponsables, podemos imprimir nuestro estilo de la manera más extravagante. Pero llega la vida adulta, esa vida en el que tenemos que regresar al camino, que podemos tener nuestras excentricidades, sin embargo, éstas cada vez son menos, o se deben regular.

Ya nos preocupamos por las cuentas de Mastercard, por la hora godin, por las comidas del día a día, y así las responsabilidades se van incrementando entre más creces. Y sí, de alguna manera te vas cansando de las batallas que antes creías tan alcanzables, que podías ganar. Y no hablo de que dejes de ser quién eres, solo que para sobrevivir uno debe aprender a adaptarse.

Comenta si estás de acuerdo o qué batallas son las que has dejado en pausa. Muchas gracias por leerme, y ¡hasta la próxima!

 

 

 

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